Estoy en presencia de mi alma cuando me permito habitarme sin prisa, sin máscaras y sin juicios. En ese espacio interno, donde el ruido se aquieta, recuerdo que mi esencia no necesita demostrarse: simplemente es. La presencia me devuelve a casa, a ese lugar donde todo cobra sentido.
Sé quién soy cuando dejo de buscar afuera respuestas que siempre han vivido dentro de mí. Reconocerme es aceptar mi historia, mis procesos y mis silencios como parte sagrada del camino. No desde la perfección, sino desde la honestidad profunda de mirarme con amor.
Camino en coherencia, amor y verdad cuando mis pensamientos, palabras y acciones nacen del mismo centro. La coherencia no es rigidez, es alineación; es elegir lo que honra mi alma incluso en lo simple, incluso en lo cotidiano. Desde ahí, el amor se vuelve una forma de vivir y la verdad, una guía suave pero firme.
Cuando todo en mí se alinea, no hay lucha. Hay claridad, calma y una confianza serena en la vida. Entonces comprendo que estar en presencia de mi alma no es un estado lejano, sino una elección consciente que renuevo en cada instante.
Por Urania Morales Franky
0 comments:
Publicar un comentario