La
transformación que buscamos afuera comienza dentro de nosotros
Hoy, el ser humano busca transformar
la educación, la política, la religión, la sociedad e incluso aquello que
llamamos maldad.
Pero quizás aún no hemos comprendido
que la transformación que tanto anhelamos comienza mucho más cerca: en nosotros
mismos.
La verdadera transformación nace
cuando aceptamos y reconocemos la Luz que ya habita en cada ser humano.
Somos hijos de la Luz eterna. Y cuando
comenzamos a reconocernos como seres de luz, amor y conciencia, algo dentro de
nosotros comienza a transformarse.
Ya no necesitamos cambiar el mundo
desde la lucha, sino comenzar a vivir aquello que deseamos ver en él.
La transformación no ocurre solamente
cuando tenemos pensamientos elevados o hablamos de amor y conciencia. Comienza
a hacerse real en la manera en que tratamos a nuestros hijos, a nuestra pareja,
a nuestros compañeros; en la forma en que respondemos ante un conflicto, en las
decisiones que tomamos y en las palabras que elegimos.
Porque reconocer la Luz que habita en nosotros también implica asumir la responsabilidad de expresarla en cada acto.
Dios nunca falla.
Tengamos fe en nosotros mismos, no
desde el ego, sino desde el reconocimiento de esa Presencia divina que vive en
nuestro interior.
Amémonos profundamente, hasta que ese
amor nos transforme, nos inunde y pueda extenderse hacia quienes nos rodean y,
desde allí, hacia toda la humanidad.
No necesitamos esperar a que el mundo
cambie para comenzar. Podemos empezar hoy, desde nuestro propio corazón.
Quizás la transformación que buscamos
afuera está esperando que primero recordemos quiénes somos dentro.
Quizás ese sea el verdadero despertar:
recordar que la Luz que buscamos ver en el mundo primero necesita ser vivida
por nosotros.
Somos Luz.
Somos amor.
Somos conciencia en expansión.
Y cuando elegimos vivir desde esa verdad, nuestra propia vida comienza a convertirse en una expresión de aquello que deseamos ver en la humanidad.
Pregunta para el corazón:
¿Qué puedo transformar hoy dentro de
mí para comenzar a vivir, con mis palabras y mis acciones, aquello que deseo
ver en el mundo?
No se trata de exigirnos ser
perfectos. Se trata de observarnos con amor, reconocer aquello que aún podemos
transformar y elegir, cada día, responder desde una conciencia más despierta.
Yo Soy
Yo Soy la Luz que habita en mí.
Yo Soy amor en acción.
Yo Soy conciencia que despierta y se
transforma.
Yo elijo vivir desde mi Presencia
divina y permitir que esa Luz se exprese a través de mis palabras, mis
decisiones y mis acciones.
La transformación que anhelamos en la
humanidad puede comenzar con algo tan sencillo como recordar quiénes somos y
elegir vivir desde esa verdad.
Somos Luz. Somos amor. Somos conciencia en expansión.
Y cuando la Luz despierta en nosotros,
no necesitamos imponérsela a nadie: simplemente comenzamos a vivirla.
Dios nunca falla.
Por Urania Morales Franky
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