10 septiembre 2026

YO SOY LA MAGICA PRESENCIA

 

Hay momentos en la vida en los que podemos olvidar quiénes somos.

Nos identificamos con nuestro nombre, nuestro trabajo, nuestra historia, nuestras preocupaciones, nuestros errores, nuestras heridas o incluso con aquello que otras personas han dicho de nosotros.

Pero somos mucho más que todo eso.

Dentro de cada ser humano existe una Presencia Divina, una fuente de luz, amor y vida.

Por eso, cuando decimos “Yo Soy”, podemos detenernos un momento y recordar:

Yo Soy más que mis circunstancias.
Yo Soy más que mis miedos.
Yo Soy más que mi pasado.
Dentro de mí existe una luz que puedo elegir expresar.

No se trata de alimentar el ego ni de pensar que somos más importantes que los demás.

Al contrario.

Recordar nuestra luz también significa recordar que esa misma luz existe en los demás.

 

¿Qué significa realmente “Yo Soy”?:

Podemos imaginar que nuestra vida es como una lámpara.

La lámpara tiene una forma, un tamaño y una historia particular. Pero lo que realmente permite que ilumine es la luz.

Nosotros también tenemos una historia: tenemos un cuerpo, una personalidad, una familia, un trabajo, sueños, dificultades y experiencias.

Pero detrás de todo eso existe algo más profundo.

Una Presencia que puede expresarse a través de nosotros mediante el amor, la bondad, la verdad, la comprensión, la gratitud y el servicio.

Cuando digo:

“Yo Soy luz”

no estoy diciendo que nunca tenga miedo, que nunca me equivoque o que todo en mi vida sea perfecto.

Estoy recordando hacia dónde quiero dirigir mi conciencia.

Estoy diciendo:

“Hoy elijo expresar más luz.”

 

La luz también se demuestra en las cosas pequeñas:

A veces pensamos que servir a la luz significa hacer grandes cosas.

Pero quizás comienza mucho más cerca.

Cuando alguien nos habla con enojo y elegimos no responder desde la misma energía.

Cuando tenemos la oportunidad de juzgar y decidimos comprender.

Cuando cometemos un error y, en lugar de castigarnos, aprendemos.

Cuando nuestros hijos necesitan nuestra presencia y dejamos por un momento el teléfono para escucharlos.

Cuando nuestro esposo, nuestra esposa, un amigo o un compañero necesita una palabra amable.

Cuando podemos ayudar y lo hacemos sin esperar reconocimiento.

Cuando nadie nos está mirando y aun así elegimos hacer lo correcto.

Ahí también está la luz.

La luz se vuelve real cuando la llevamos a nuestra manera de vivir.

 

¿Y qué pasa cuando aparece la oscuridad?:

También tendremos días difíciles.

Habrá miedo, tristeza, cansancio, frustración y momentos en los que sentiremos que perdimos nuestra conexión.

Eso también forma parte de nuestro camino humano.

Pero podemos aprender a no identificarnos completamente con esos estados.

Puedo sentir miedo sin convertirme en el miedo.
Puedo sentir tristeza sin pensar que la tristeza soy yo.
Puedo equivocarme sin creer que soy mi error.
Puedo atravesar una dificultad sin olvidar que dentro de mí sigue existiendo una fuente de luz.

Es como entrar en una habitación oscura.

La oscuridad no necesita ser golpeada para desaparecer.

Simplemente encendemos una luz.

Y quizás eso mismo podemos hacer con nuestra vida.

En lugar de luchar constantemente contra lo que no queremos, podemos comenzar a alimentar aquello que sí queremos expresar.

Más amor.
Más conciencia.
Más paz.
Más verdad.
Más gratitud.
Más servicio.

 

¿Qué estoy expresando con mi “Yo Soy”?:

Observa las frases que dices sobre ti durante el día.

“Yo soy una persona nerviosa.”
“Yo soy incapaz.”
“Yo soy desafortunada.”
“Yo soy así y nunca voy a cambiar.”

Muchas veces hablamos de nosotros sin darnos cuenta del poder que tienen nuestras palabras sobre nuestra conciencia.

Podemos comenzar a observarlas.

Y preguntarnos:

¿Esto que estoy diciendo es realmente lo que quiero seguir alimentando en mí?

Entonces podemos elegir conscientemente nuevas palabras:

Yo Soy capaz de aprender.
Yo Soy amor.
Yo Soy paz.
Yo Soy luz.
Yo Soy abundancia.
Yo Soy presencia.
Yo Soy una expresión de la vida.

No como una frase mágica que elimina inmediatamente las dificultades.

Sino como un recordatorio de la conciencia desde la cual queremos vivir.

 

Recordar para servir:

No se trata solamente de sentirnos bien nosotros.

La luz que recibimos también puede convertirse en servicio.

Si hoy tengo un poco más de paciencia, puedo compartirla.
Si tengo amor, puedo entregarlo.
Si he aprendido algo, puedo compartirlo sin imponerlo.
Si puedo ayudar, ayudo.
Si puedo escuchar, escucho.
Si puedo llevar paz a una situación, elijo hacerlo.

Porque quizás despertar no significa alejarnos del mundo, sino aprender a llevar más luz al mundo en el que vivimos.

Servir a la luz puede comenzar en nuestra propia casa.

En nuestra familia.
En nuestro trabajo.
En nuestras palabras.
En nuestras decisiones.
En la manera en que tratamos a una persona que no puede ofrecernos nada a cambio.

 

Ser servidores eternos de la luz:

Quizás una de las preguntas más bonitas que podemos hacernos es:

¿Para qué quiero recordar mi luz?

No solamente para recibir.
También para dar.

No solamente para transformar mi vida.
También para aportar algo bueno a la vida de otros.

Ser servidores de la luz no significa ser perfectos.

Significa estar disponibles para expresar lo mejor de nosotros una y otra vez.

Caer y volver a levantarnos.
Olvidar y volver a recordar.
Cerrar el corazón y volver a abrirlo.
Perdernos y volver a encontrar el camino.

Cada día podemos preguntarnos:

¿Cómo puedo servir hoy a la luz?

Tal vez la respuesta sea una sonrisa.
Una palabra.
Un abrazo.
Una decisión.
Un acto de perdón.
Una conversación sincera.
Un silencio consciente.
Una ayuda.

O simplemente elegir no alimentar una energía que sabemos que no queremos seguir llevando.

 

Entonces… ¿quién soy?:

Quizás no necesitamos responder esta pregunta solamente con palabras.

Podemos comenzar a responderla con nuestra manera de vivir.

Si digo:
“Yo Soy amor”, ¿cómo estoy tratando a los demás?

Si digo:
“Yo Soy luz”, ¿qué estoy llevando a los lugares donde llego?

Si digo:
“Yo Soy paz”, ¿qué estoy alimentando dentro de mí?

Si digo:
“Yo Soy servicio”, ¿cómo estoy utilizando mis dones para aportar?

Porque el verdadero recuerdo no se queda solamente en la mente.

Se convierte en una forma de vivir.

No en intentar convertirnos en alguien diferente.

Sino en recordar la luz que ya podemos elegir expresar y ponerla al servicio de la vida.

 

Para llevar en el corazón:

No olvides tu luz cuando lleguen los días difíciles.

No olvides tu luz cuando cometas un error.

No olvides tu luz cuando alguien no te comprenda.

No olvides tu luz cuando el camino parezca incierto.

La luz no necesita demostrar que existe. Solo necesita ser expresada.

Y quizás nuestra tarea en esta Tierra sea justamente esa:

recordar quiénes somos, vivir desde el amor y convertir nuestra vida en un servicio consciente a la luz.

Yo Soy luz.
Yo sirvo a la luz.
Y elijo llevar esa luz conmigo dondequiera que vaya.

 

Por Urania Morales Franky

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