Hay momentos en la vida en los que podemos olvidar quiénes somos.
Nos
identificamos con nuestro nombre, nuestro trabajo, nuestra historia, nuestras
preocupaciones, nuestros errores, nuestras heridas o incluso con aquello que
otras personas han dicho de nosotros.
Pero somos
mucho más que todo eso.
Dentro de cada
ser humano existe una Presencia Divina, una fuente de luz, amor y vida.
Por eso,
cuando decimos “Yo Soy”, podemos detenernos un momento y recordar:
Yo Soy más que
mis circunstancias.
Yo Soy más que mis miedos.
Yo Soy más que mi pasado.
Dentro de mí existe una luz que puedo elegir expresar.
No se trata de
alimentar el ego ni de pensar que somos más importantes que los demás.
Al contrario.
Recordar
nuestra luz también significa recordar que esa misma luz existe en los demás.
¿Qué significa realmente “Yo Soy”?:
Podemos
imaginar que nuestra vida es como una lámpara.
La lámpara
tiene una forma, un tamaño y una historia particular. Pero lo que realmente
permite que ilumine es la luz.
Nosotros
también tenemos una historia: tenemos un cuerpo, una personalidad, una familia,
un trabajo, sueños, dificultades y experiencias.
Pero detrás de
todo eso existe algo más profundo.
Una Presencia
que puede expresarse a través de nosotros mediante el amor, la bondad, la
verdad, la comprensión, la gratitud y el servicio.
Cuando digo:
“Yo Soy luz”
no estoy
diciendo que nunca tenga miedo, que nunca me equivoque o que todo en mi vida
sea perfecto.
Estoy
recordando hacia dónde quiero dirigir mi conciencia.
Estoy
diciendo:
“Hoy elijo
expresar más luz.”
La luz también se demuestra en las cosas pequeñas:
A veces
pensamos que servir a la luz significa hacer grandes cosas.
Pero quizás
comienza mucho más cerca.
Cuando alguien
nos habla con enojo y elegimos no responder desde la misma energía.
Cuando tenemos
la oportunidad de juzgar y decidimos comprender.
Cuando
cometemos un error y, en lugar de castigarnos, aprendemos.
Cuando
nuestros hijos necesitan nuestra presencia y dejamos por un momento el teléfono
para escucharlos.
Cuando nuestro
esposo, nuestra esposa, un amigo o un compañero necesita una palabra amable.
Cuando podemos
ayudar y lo hacemos sin esperar reconocimiento.
Cuando nadie
nos está mirando y aun así elegimos hacer lo correcto.
Ahí también
está la luz.
La luz se
vuelve real cuando la llevamos a nuestra manera de vivir.
¿Y qué pasa cuando aparece la oscuridad?:
También
tendremos días difíciles.
Habrá miedo,
tristeza, cansancio, frustración y momentos en los que sentiremos que perdimos
nuestra conexión.
Eso también
forma parte de nuestro camino humano.
Pero podemos
aprender a no identificarnos completamente con esos estados.
Puedo sentir
miedo sin convertirme en el miedo.
Puedo sentir tristeza sin pensar que la tristeza soy yo.
Puedo equivocarme sin creer que soy mi error.
Puedo atravesar una dificultad sin olvidar que dentro de mí sigue existiendo
una fuente de luz.
Es como entrar
en una habitación oscura.
La oscuridad
no necesita ser golpeada para desaparecer.
Simplemente
encendemos una luz.
Y quizás eso
mismo podemos hacer con nuestra vida.
En lugar de
luchar constantemente contra lo que no queremos, podemos comenzar a alimentar
aquello que sí queremos expresar.
Más amor.
Más conciencia.
Más paz.
Más verdad.
Más gratitud.
Más servicio.
¿Qué estoy expresando con mi “Yo Soy”?:
Observa las
frases que dices sobre ti durante el día.
“Yo soy una
persona nerviosa.”
“Yo soy incapaz.”
“Yo soy desafortunada.”
“Yo soy así y nunca voy a cambiar.”
Muchas veces
hablamos de nosotros sin darnos cuenta del poder que tienen nuestras palabras
sobre nuestra conciencia.
Podemos
comenzar a observarlas.
Y
preguntarnos:
¿Esto que
estoy diciendo es realmente lo que quiero seguir alimentando en mí?
Entonces
podemos elegir conscientemente nuevas palabras:
Yo Soy capaz
de aprender.
Yo Soy amor.
Yo Soy paz.
Yo Soy luz.
Yo Soy abundancia.
Yo Soy presencia.
Yo Soy una expresión de la vida.
No como una
frase mágica que elimina inmediatamente las dificultades.
Sino como un
recordatorio de la conciencia desde la cual queremos vivir.
Recordar para servir:
No se trata
solamente de sentirnos bien nosotros.
La luz que
recibimos también puede convertirse en servicio.
Si hoy tengo
un poco más de paciencia, puedo compartirla.
Si tengo amor, puedo entregarlo.
Si he aprendido algo, puedo compartirlo sin imponerlo.
Si puedo ayudar, ayudo.
Si puedo escuchar, escucho.
Si puedo llevar paz a una situación, elijo hacerlo.
Porque quizás
despertar no significa alejarnos del mundo, sino aprender a llevar más luz al
mundo en el que vivimos.
Servir a la
luz puede comenzar en nuestra propia casa.
En nuestra
familia.
En nuestro trabajo.
En nuestras palabras.
En nuestras decisiones.
En la manera en que tratamos a una persona que no puede ofrecernos nada a
cambio.
Ser servidores eternos de la luz:
Quizás una de
las preguntas más bonitas que podemos hacernos es:
¿Para qué
quiero recordar mi luz?
No solamente
para recibir.
También para dar.
No solamente
para transformar mi vida.
También para aportar algo bueno a la vida de otros.
Ser servidores
de la luz no significa ser perfectos.
Significa
estar disponibles para expresar lo mejor de nosotros una y otra vez.
Caer y volver
a levantarnos.
Olvidar y volver a recordar.
Cerrar el corazón y volver a abrirlo.
Perdernos y volver a encontrar el camino.
Cada día
podemos preguntarnos:
¿Cómo puedo
servir hoy a la luz?
Tal vez la
respuesta sea una sonrisa.
Una palabra.
Un abrazo.
Una decisión.
Un acto de perdón.
Una conversación sincera.
Un silencio consciente.
Una ayuda.
O simplemente
elegir no alimentar una energía que sabemos que no queremos seguir llevando.
Entonces… ¿quién soy?:
Quizás no
necesitamos responder esta pregunta solamente con palabras.
Podemos
comenzar a responderla con nuestra manera de vivir.
Si digo:
“Yo Soy amor”, ¿cómo estoy tratando a los demás?
Si digo:
“Yo Soy luz”, ¿qué estoy llevando a los lugares donde llego?
Si digo:
“Yo Soy paz”, ¿qué estoy alimentando dentro de mí?
Si digo:
“Yo Soy servicio”, ¿cómo estoy utilizando mis dones para aportar?
Porque el
verdadero recuerdo no se queda solamente en la mente.
Se convierte
en una forma de vivir.
No en intentar
convertirnos en alguien diferente.
Sino en
recordar la luz que ya podemos elegir expresar y ponerla al servicio de la
vida.
Para llevar en el corazón:
No olvides tu
luz cuando lleguen los días difíciles.
No olvides tu
luz cuando cometas un error.
No olvides tu
luz cuando alguien no te comprenda.
No olvides tu
luz cuando el camino parezca incierto.
La luz no
necesita demostrar que existe. Solo necesita ser expresada.
Y quizás
nuestra tarea en esta Tierra sea justamente esa:
recordar
quiénes somos, vivir desde el amor y convertir nuestra vida en un servicio
consciente a la luz.
Yo Soy luz.
Yo sirvo a la luz.
Y elijo llevar esa luz conmigo dondequiera que vaya.
Por Urania Morales
Franky
0 comments:
Publicar un comentario